martes, 24 de noviembre de 2020

PREPARACION PARA EL EXAMEN FINAL DE LAPSO

 Lee el siguiente fragmento de "Casas Muertas" y escribe un comentario, basándote en la pregunta de orientación que se suministra

CAPITULO 10 (FRAGMENTO)

-¡Qué perniciosa tan terrible! -decía el señor Cartaya-. Si no fuera porque aquí no queda gente, sería la más mortífera que hubiera visto Ortiz en toda su historia. Pero es que ya no encuentra a quien matar... Encontraba a quien matar. Hombres ya enflaquecidos por el paludismo crónico, ya sepultados en un fatalismo indefenso, recibían en el cuero apergaminado el alfilerazo mortal del mosquito que escupía la perniciosa. Ésta no era la fiebre que bajaba a las pocas horas sino un continuo arder, día y noche, entre contorsiones y delirios.

-¡Es la económica! -sollozaba una mujer aterrada al borde de un chinchorro.

Era, en efecto, «la económica», la que mataba en menos de cuatro días, sin dar tiempo a gastar en quinina, ni en curanderos, ni en médico, que tampoco había ya por esos lados.

Nada podían hacer Cartaya, ni el padre Pernía, ni Carmen Rosa, ni la señorita Berenice, ni Sebastián cuando estaba presente en Ortiz, frente al coro de alucinaciones y estertores, frente a los cuerpos que se consumían como leños en la penumbra de los ranchos.

-Entren para que lo vean. ¡Se va a carbonizar, Dios mío!

Al entrar hallaban a un hombre, o a una mujer, o a un niño, un rostro iluminado por el rosetón infernal de la fiebre, un pecho respirando a duras penas, unos ojos semicerrados como si eludieran el resplandor ausente del sol.

-¡Es la económica! -asentía amargamente el señor Cartaya.

Y morían. Morían en la zona confusa que sucedía al delirio, entre desacoplados estremecimientos y un impotente, desesperado afán de atrapar un trago de aire que ya no llegaba a los pulmones.

Se fueron muchos de los pocos que quedaban vivos, inclusive Epifanio, el de la bodega. Epifanio se vanagloriaba a menudo:

-A mí nunca me ha pegado el paludismo. Ni me pega ya. -Mi sangre le hace daño a los mosquitos.

-La plaga pasa de lejos sin saludarme.

Un día cayó Epifanio. El cura Pernía acudió a su llamado y lo encontró tumbado en la trastienda de la bodega, inmóvil sobre la tela tensa del catre, entre ristras de cebollas que colgaban del techo y el arpa que callaba agazapada en un rincón.

-Me fuñí, padre. Es la fiebre fría -masculló sombríamente.

PREGUNTA DE ORIENTACION:

¿De qué manera se presenta el tema del paludismo y la destrucción de Ortiz en este fragmento?. Apoye su comentario con citas del texto.


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