lunes, 30 de noviembre de 2020

EXAMEN FINAL DEL SEMESTRE

Escuela Bella Vista

Examen Final del 1er Semestre 20-21

Español Grado 9


Mr. Borges

Fecha: 30/09/20



EXAMEN FINAL DE SEMESTRE



PARTE I: RESPUESTAS BREVES: Escribe la respuesta de las siguiente preguntas en una o dos oraciones (2 puntos c/una. Total 16 puntos)


1.- En cuanto al sistema de personajes en “Casa muertas”. Establezca la relación de Carmen Rosa con los siguientes personajes:


  1. Señor Cartaya:
  2. Señorita Berenice:
  3. Padre Pernía:
  4. Casimiro Villena:
  5. Rupert, el trinitario:


2.- Identifique en los siguientes fragmentos los recursos literarios utilizados por el autor, explique, brevemente, el propósito para el cual los utiliza:

  1. "Si no logró escapar de la muerte Sebastián, joven como la madrugada, fuerte como el río en invierno, voluntarioso como el toro sin castrar, no quedaba a los otros habitantes de Ortiz sino la resignada espera del acabamiento”.(Pag. 1. Cap 1) 

R:


b) “Era un mocetón no muy alto, pero de sólidos hombros fornidos. Al quitarse el ancho sombrero de pelo de guama, un mechón rebelde y negro le ensombreció la frente”. (pag 6. Cap. 5)


R:


c) “En aquel mediodía caliente y sordo se percibía más hondamente la yerma desolación de Ortiz, el sobrecogedor mensaje de sus despojos. No transitaba un ser humano por las calles, ni se refugiaba tampoco entre los muros desgarrados de las casas, cual si todos hubiesen escapado aterrados ante el estallido de un cataclismo” (Pag. 11. Cap.12)


R:




PARTE II: DESARROLLO. Explique los siguientes planteamientos escribiendo uno o dos párrafos para cada planteamiento. Utilice letra arial 12, interlineado de 1,5 y márgenes justificados.  (5 puntos c/una, 15 puntos  más 1 punto por rasgos formales)


3.- En cuanto a los temas presentes en “Casas muertas”. Explique brevemente:



  1. ¿De qué manera se representa el abuso del poder en la obra?


R:


b)  ¿De qué manera se representa el crecimiento de Carmen Rosa desde el inicio de la obra hasta el final?


R:



4.- Lee el siguiente fragmento y explica ampliamente su tema, utiliza citas cuando lo creas necesario.



"Todos en el pueblo hablaban de esa época. Los abuelos que la habían vivido, los padres que presenciaron su hundimiento, los hijos levantados entre relatos y añoranzas. Nunca, en ningún sitio, se vivió del pasado como en aquel pueblo del Llano. Hacia adelante no esperaban sino la fiebre, la muerte y el gamelote del cementerio. Hacia atrás era diferente. Los jóvenes de ojos hundidos y piernas llagadas envidiaban a los viejos el haber sido realmente jóvenes alguna vez. 

-¡Qué procesiones, mi hijita, qué procesiones! Para la Semana Santa venía gente desde muy lejos, desde Calabozo, desde La Pascua, sin contar los de Parapara, San Sebastián y El Sombrero que se la pasaban metidos aquí. Figúrate que Ortiz tenía dos parroquias y dos jefes civiles y dos curas. Y el Viernes Santo se desprendía la Virgen de los Dolores desde Santa Rosa, tomaba después por la calle real, iba hasta Las Mer- cedes y volvía a Santa Rosa por otras calles, acompañando al Santo Sepulcro, al paso de una música triste de tambor y flauta, seguida por una colmena de mujeres con velas encendidas, hombres de liquiliqui y muchachos haciendo travesuras...

A Carmen Rosa le placía particularmente la charla del señor Cartaya porque ninguno como él evocaba el fausto de otros tiempos. Había sido también músico de la banda, porque el Ortiz remoto tuvo banda y el señor Cartaya tocaba entonces la flauta bajo los robles de la plaza, como también la tocaba en la orquesta que regía los grandes bailes, y la hacía llorar en la procesión de la Dolorosa o estallar de pasodobles en las tardes de toros coleados.  A Cartaya se le nublaron los ojos, esta era la capital de Guárico, niña. La ciudad más poblada y más linda del Guárico, la rosa de los Llanos". (Capitulo 2)

R:


martes, 24 de noviembre de 2020

PREPARACION PARA EL EXAMEN FINAL DE LAPSO

 Lee el siguiente fragmento de "Casas Muertas" y escribe un comentario, basándote en la pregunta de orientación que se suministra

CAPITULO 10 (FRAGMENTO)

-¡Qué perniciosa tan terrible! -decía el señor Cartaya-. Si no fuera porque aquí no queda gente, sería la más mortífera que hubiera visto Ortiz en toda su historia. Pero es que ya no encuentra a quien matar... Encontraba a quien matar. Hombres ya enflaquecidos por el paludismo crónico, ya sepultados en un fatalismo indefenso, recibían en el cuero apergaminado el alfilerazo mortal del mosquito que escupía la perniciosa. Ésta no era la fiebre que bajaba a las pocas horas sino un continuo arder, día y noche, entre contorsiones y delirios.

-¡Es la económica! -sollozaba una mujer aterrada al borde de un chinchorro.

Era, en efecto, «la económica», la que mataba en menos de cuatro días, sin dar tiempo a gastar en quinina, ni en curanderos, ni en médico, que tampoco había ya por esos lados.

Nada podían hacer Cartaya, ni el padre Pernía, ni Carmen Rosa, ni la señorita Berenice, ni Sebastián cuando estaba presente en Ortiz, frente al coro de alucinaciones y estertores, frente a los cuerpos que se consumían como leños en la penumbra de los ranchos.

-Entren para que lo vean. ¡Se va a carbonizar, Dios mío!

Al entrar hallaban a un hombre, o a una mujer, o a un niño, un rostro iluminado por el rosetón infernal de la fiebre, un pecho respirando a duras penas, unos ojos semicerrados como si eludieran el resplandor ausente del sol.

-¡Es la económica! -asentía amargamente el señor Cartaya.

Y morían. Morían en la zona confusa que sucedía al delirio, entre desacoplados estremecimientos y un impotente, desesperado afán de atrapar un trago de aire que ya no llegaba a los pulmones.

Se fueron muchos de los pocos que quedaban vivos, inclusive Epifanio, el de la bodega. Epifanio se vanagloriaba a menudo:

-A mí nunca me ha pegado el paludismo. Ni me pega ya. -Mi sangre le hace daño a los mosquitos.

-La plaga pasa de lejos sin saludarme.

Un día cayó Epifanio. El cura Pernía acudió a su llamado y lo encontró tumbado en la trastienda de la bodega, inmóvil sobre la tela tensa del catre, entre ristras de cebollas que colgaban del techo y el arpa que callaba agazapada en un rincón.

-Me fuñí, padre. Es la fiebre fría -masculló sombríamente.

PREGUNTA DE ORIENTACION:

¿De qué manera se presenta el tema del paludismo y la destrucción de Ortiz en este fragmento?. Apoye su comentario con citas del texto.


jueves, 19 de noviembre de 2020

QUIZ CAPITULOS 8 Y 9

QUIZ "CASAS MUERTAS"

Este quiz lo pueden presentar individual, en pareja o en grupo de tres estudiantes


A.- Crear un documento google drive en su portafolio y compartirlo con el grupo

B.- Copiar y pegar las preguntas en el documento

C.- Cuando termine la hora de clase el profesor creara un pdf del examen y corregir a cada grupo por el pdf

D.- Conteste las siguientes preguntas


QUIZ 2


¿Explique cuál es la opinión del señor Cartaya sobre los planes de Sebastián? Coloque una cita que valide o soporte su respuesta


¿Explique de qué manera se muestra el tema del abuso del poder en el capítulo 9?


¿Por qué Sebastián se compromete a luchar para liberar a los estudiantes?








martes, 17 de noviembre de 2020

CASAS MUERTAS CAPITULO 7: ESTE ES EL CAMINO DE PALENQUE

 Un mediodía de noviembre, era domingo por cierto, se detuvo un autobús en Ortiz. Algo extraño sospecharon los escasos habitantes del pueblo desde el amanecer, cuando presenciaron el estrepitoso despertar del coronel Cubillos. Los gritos desmedidos del jefe civil agrietaron la madrugada e hicieron cantar a los gallos antes de tiempo. Se escuchó un inusitado acento metálico de peinillas, tres peinillas que yacían olvidadas en un rincón de la Jefatura, y un más inusitado rastrillar de máuseres; tres máuseres que nadie supo de dónde salieron.

Cundieron el asombro y el miedo. El coronel Cubillos, hermético y huraño, no dejaba traslucir el motivo de sus belicosas precauciones. Incluso los policías ignoraban la causa de aquel despertar con máuser y peinilla. Todo quedó a merced de las suposiciones, formuladas a media voz y a puertas cerradas.


Juan Vicente Gómez fue un dictador que gobernó a Venezuela desde 1908 hasta 1935, en este capitulo se narra la forma en que eran tratados los que se oponían a la dictadura sobre todo los estudiantes de la generación del 28

-¡Hay un alzamiento en Calabozo!
Pero el señor Cartaya pasó como al azar por el telégrafo, se enteró de la verdad y por él la conocieron Sebastián, Panchito y el cura Pernía. Los estudiantes de Caracas, presos desde hacía varias semanas en un campamento cercano a la capital, serían trasladados ese domingo a los trabajos forzados de Palenque. Ortiz estaba en el camino. Un telegrama con la noticia, recibido por el coronel Cubillos la noche anterior, determinaba su agitación de hoy.

El autobús no solamente pasó por Ortiz sino que se detuvo frente a la bodega de Epifanio. Era la primera parada desde la víspera, cuando salió de Guatire, mucho más allá de Caracas, con su cargamento de presos. Había atravesado en la noche y a gran velocidad las desiertas calles mudas de la capital. Tomó después el rumbo de los Valles de Aragua, hasta caer en los Llanos dando tumbos, con el motor a toda marcha. El cortejo de automóviles familiares que intentó seguirlo había sido detenido en seco por los fusiles de un pelotón de soldados.

Los estudiantes ignoraban la meta de aquel autobús amarillo que corría locamente, con ellos adentro. Tan sólo vislumbraron el destino que les aguardaba cuando el autobús abandonó la carretera que iba en busca del mar y torció bruscamente hacia los Llanos. Entonces uno de ellos dijo simplemente:

-Éste es el camino de Palenque.
Los demás comprendieron y callaron. El golpe de las ruedas en los baches, el trepidar asmático del motor, los latidos del corazón, modularon largo rato el eco de aquellas palabras.
Eran muy jóvenes los dieciséis estudiantes presos. El mayor entre ellos, seguramente el de la barba tupida y negra de fraile español, no llegaba a los veinticinco años. Pero los otros, el de los tranquilos ojos azules, el de la aguda nariz hebraica, el de la pálida frente cavilosa, el de las pobladas cejas hirsutas, el regordete de los grandes anteojos, el mulatico de la boina, apenas habían cumplido veinte.
Sebastián, se acercó a uno de los estudiantes:
-Ese sombrero no aguanta el sol -murmuró.
Y despojándose de su propio sombrero:
-Mejor es que se lleve el mío. Usted no sabe lo que es el sol del llano. Pero ya se acercaba el coronel Cubillos con una dura ráfaga de indignación en el gesto.
-Se prohíbe hablar con los presos -gritó a Sebastián.
-No lo sabía -respondió éste a manera de excusa.
-¡Pues sépalo! -chilló Cubillos amenazante.
-Perdone usted -intervino Cartaya conciliador-. Yo ni siquiera sabía que estos jóvenes estaban presos.
Y salieron los dos lentamente de la bodega perseguidos por los ojos furiosos del jefe civil. El estudiante de la boina se había puesto ya el sombrero pelo de guama de Sebastián, como si fuera el suyo de toda la vida.
En la bodega de Epifanio, en la casa parroquial, en el patio de las Villena, en la escuela de la señorita Berenice, en la Jefatura Civil, no se habló de otra cosa durante todo el día.
-¡Pobrecitos! -sollozaba Hermelinda entre palmas marchitas de un domingo de ramos y velas apagadas a medio consumir-. Son casi unos niños, padre Pernía. Santa Rosa los acompañe...

-Dios mismo los acompañe -respondía el padre Pernía preocupado-. Por el camino que se fueron no queda sino Palenque, que es la muerte.
-No regresarán -gruñía enfurecido el señor Cartaya en el patio de las Villena-. Los matarán a latigazos y los enterrarán en la sabana.

-¡Hay que hacer algo! -añadía Sebastián apretando los puños, agobiado por la pesada certidumbre de que nada podían hacer.

El coronel Cubillos dijo, expresando abuso de poder: -¿Usted se fijó, Juan de Dios, en el Sebastiancito ese de Parapara? Hablando bajito con los presos y con cara de arrecho, como si no le gustara que se los llevaran. Ése como que no sabe quién es el coronel Cubillos. Si me vuelve a jurungar, le pego un mecate y lo mando amarrado a Palenque para que aprenda a respetar. Como dos y dos son cuatro.

El espacio geográfico en el que se narra "Casas muertas" es el pueblo de Ortiz, en el estado Guárico

En el autobús amarillento que corría desolado por los Llanos no se hablaba de la propia desventura sino de la ya consumada desventura de Ortiz y su gente. No bien se perdieron en el polvo las últimas ruinas, uno de los estudiantes, el regordete de los grandes anteojos exclamó: -¡Qué espanto de pueblo! Está habitado por fantasmas.

Y el del sincero rostro redondo:
-¿Y las casas? Me duelen las casas. Parece una ciudad saqueada por una horda. Y el mulato corpulento, estudiante de medicina:
-Una horda de anófeles. El paludismo la destruyó.
Y el de la nariz respingada y ojos burlones:
-¡Pobre gente! Y se les nota que son buenos.
Y el que llevaba el sombrero de Sebastián:
-La gente siempre es buena en esta tierra. Los malos no son gente.
El de la cerrada barba dijo mucho después:
-¿Y los niños de aquel pueblo? Tienen el color de la tierra que se comen.
Y el retaco de la voz detonante:
-Son saquitos de anquilostomos.
Y el de las patillas de prócer:
-Crecen descalzos con los pies llenos de niguas.
Y el del perfil autoritario:
-¡Malditos sean los culpables!




1.- VOCABULARIO

máuser
1. m. Fusil de repetición, de cerrojo manual.
Palenque: Fue una cárcel donde Gómez encarcelaba a sus enemigos políticos.  En este capítulo se nombra pues llevan Palenque a los estudiantes de la generación del 28 que se alzaron contra Gómez

2.- CONTEXTO HISTORICO DE "CASAS MUERTAS"
La historia contada en "Casas muertes" ocurre en un contexto histórico concreto, la Venezuela de las primeras décadas del siglo XX.  Sobre todo en este capítulo vemos que es el tiempo de la dictadura del General Juan Vicente Gómez.

3.- CONTEXTO GEOGRAFICO DE "CASAS MUERTAS"
La obra está situada en un contexto geográfico concreto el pueblo de Ortiz en el estado Guárico de Venezuela. En la obra se nombran otros pueblos cercanos a Ortiz, por ejemplo Sebastián viene de Parapara. 

ASIGNACION PARA ESTA CLASE:

1.- Lectura individual
2.- Contestar en el documento de Asignaciones Diarias:
2.1.- Resuma en 4 oraciones el contenido del capítulo
2.2.- ¿Cuál es la actitud de Sebastián con respecto al encarcelamiento de los estudiantes?

TAREA PARA LA PROXIMA CLASE
Leer los capítulos 8 y 9.  En la próxima clase realizarán un trabajo en pareja sobre los capítulos 7, 8 y 9. 




viernes, 13 de noviembre de 2020

"CASA MUERTAS" CAPITULO 6

 CAPITULO VI. PECADO MORTAL

(FRAGMENTOS)


Regresó Sebastián a Ortiz el domingo anunciado, y el otro y todos los domingos que siguieron. La primera visita a la casa de las Villena la hizo llevado por Panchito y Celestino. Pero, al segundo domingo, Celestino atisbó una mirada de Carmen Rosa al forastero, una mirada entre asustada y curiosa, entre maliciosa y tierna, y ya no volvió con ellos a contemplar las corolas rosadas de las pascuas del patio, ni a conversar trivialidades junto al pretil de los helechos. Tampoco volvió a aparecer Celestino por la tienda los días de labor, cuando Carmen Rosa estaba sola tras el mostrador, abatida por el bochorno espeso del mediodía. Ni le trajo más pájaros de ofrenda, ni pasó más al atardecer frente a su ventana, ni estuvo más de plantón en la plaza de Las Mercedes. Largo y triste como los faroles de las esquinas se le veía ahora tan sólo a la puerta de la bodega de Epifanio, medio oyendo hablar a los otros, me dio sonriendo cuando Pericote contaba una historia bellaca de fornicaciones y equívocos.

La presencia de Sebastián fue para Carmen Rosa el punto de partida de una extraña transformación en su manera de ver las cosas, de ver a los otros seres, de verse a sí misma. No cuando la ascendieron a Hija de María, ni cuando la madre la llamó aparte para explicarle «Carmen Rosa, desde hoy tú eres una mujer», ni cuando leyó un libro de la señorita Berenice que le hizo entrever el misterio de la vida humana, sino ahora, a los dieciocho años, en la proximidad de este hombre moreno y atlético, impulsivo y valiente, comprendió Carmen Rosa que ya había dejado de ser la muchacheja que golpeaba las aldabas de los portones y le tiraba piedras al indio Cuchicuchi.



LA IGLESIA DE ORTIZ


Al principio, ni ella misma se dio cuenta. Llegaba Sebastián con Panchito, el domingo, después de la misa, cuando ella y Martica tenían aún las andaluzas puestas y los rosarios entre las manos. Y se sentaban los cuatro a hablar de los temas más diversos: de las frutas que les agradaba comer, de las pintas y de las mañas de los caballos, de cómo se moría la gente en los Llanos, de la lejana e inaccesible Caracas, del aún más inaccesible mar.

Sólo Sebastián había visto el mar. Se había bañado en sus aguas verdes y espumosas, una vez que estuvo en Turiamo.

 -¿Es muy lindo, verdad? -preguntaba Carmen Rosa.

Pero después, tres o cuatro domingos más tarde, observó Carmen Rosa que Sebastián no captaba el sentido de sus palabras cuando ella hablaba, que estaba mirándola más que oyéndola, que andaba buscando con los ojos algo más ligado a ella misma que las palabras que pronunciaba.

-Qué bonitos los pañuelos que nos trajo el domingo pasado, Sebastián. -Me alegro, me alegro -respondía él, ausente del contenido de la frase que ella había dicho, demasiado presente en la raíz de su voz.

Y observó también que, desde el lunes, ella comenzaba a contar los días al dictado de una nómina arbitraria: «Faltan cinco días para el domingo, faltan cuatro para el domingo, faltan tres para el domingo, faltan dos para el domingo, mañana es domingo, domingo».

Un domingo no llegó Sebastián a Ortiz. Carmen Rosa estuvo esperando hasta el mediodía, con la andaluza puesta y el rosario entre las manos, simulando que libraba de hojas secas a las matas del patio. Panchito y Marta no le concedieron importancia al hecho.

-Como que no viene Sebastián hoy -se limitó a decir Panchito-. Seguramente hay gallos buenos en Parapara.

Y Martica mirando a Carmen Rosa con sorna:

-O no lo dejó venir la novia.

Para Carmen Rosa aquella ausencia era signo de oscuros presentimientos. «Está enfermo», tuvo la certeza de ello y lo imaginó tumbado por la fiebre, solo y abandonado en una casa sin gente y sin jardín. La invadió una congoja maternal, un angustioso afán de estar a su lado y secarle el sudor de la frente con el pañuelo que él le había regalado.

«No lo dejó venir la novia». Recordó la broma de Martica. ¿Y si no fuera una broma? ¿Si existiera realmente la novia o la querida? ¿Si era una mujer quien le había prohibido volver los domingos a Ortiz? Aquello la desasosegó más que el temor a que estuviese enfermo. La acometieron, como cuando niña, injustificados deseos de echarse a llorar. Y entonces comprendió que estaba irremediablemente enamorada.

Pero el domingo, al salir de la misa, lo primero que vio Carmen Rosa, lo único que vio, fue a Sebastián parado en la puerta de la iglesia. Marcharon caminando juntos hasta la casa, como el día en que se conocieron.

 Ellos dos en pareja, retrasándose insensiblemente de Panchito y Marta que caminaban al frente.

-No pude venir el domingo pasado -explicó Sebastián sin que ella le preguntase nada. Se murió con la hematuria un compadre mío y tuve que velarlo y enterrarlo. Continuaron caminando, Carmen Rosa seguía en silencio. Sebastián le dijo:

-Yo estoy profundamente enamorado de usted, Carmen Rosa.

Ella se detuvo un instante. Sabía lo que Sebastián iba a decir y, sin embargo, le entró por los oídos hasta el corazón, hasta la pulpa de su carne, como una brisa caliente y húmeda.

Pero continuó callada caminando a su lado. Tampoco habló más Sebastián hasta la puerta de la casa. Ahí se detuvo ella y se quedó mirándolo de frente, cuatro, cinco segundos, con un candil de estremecida ternura en el jagüey de los ojos.

Y entraron en la casa.

Tres meses más tarde se casaron Panchito y Marta. Ahora Sebastián venía todos los domingos a Ortiz, no sin motivo preciso, no porque lo trajera la querencia del caballo, sino porque lo esperaba el amor de Carmen Rosa

El matrimonio se celebró el domingo en la tarde y acudió todo el pueblo, como a las procesiones de la patrona. Estaba linda la novia con aquel velo blanco de muselina barata y aquella coronita de azahares auténticos, no azahares de cera sino azahares de un limonero, todo aderezado por las manos blancas de la señorita Berenice.




Nadie supo cuándo escaparon Panchito y Marta. Pero al notar su ausencia, una por una, se despidieron las invitadas. Doña Carmelita, extenuada por el ajetreo y la emoción del día, se retiró a su cuarto con dolor de cabeza y hondos suspiros. Finalmente se marcharon los hombres. El jefe civil llevaba una borrachera silenciosa y hosca, un brillo siniestro en los ojos mongoles. Pericote y el maraquero hablaban de seguir la parranda y dar serenatas. Carmen Rosa y Sebastián quedaron, sin darse cuenta, solos en el corredor, entre flores de papel caídas y la luz fatigada de las lámparas

Él la tomó de la mano y caminaron juntos, como siempre lo hacían, hasta el tronco del cotoperí. Pero esta vez era de noche, una noche sin estrellas, y el segundo piso a medio derrumbar de la casa vecina se desdibujaba en la penumbra. Sebastián le ciñó el talle y le buscó la boca para el beso. Pero fue un beso diferente a todos los anteriores, in- calculablemente más largo, más intenso, más hondo. El mechón negro de Sebastián se confundía con su propio pelo. En el ancho pecho de Sebastián latía con acelerada resonancia el corazón y ella escuchaba esos latidos como si formaran parte de su propio pulso. Una mano de Sebastián subió lentamente desde su cintura, se detuvo un instante sobre sus hombros y bajó luego por entre su corpiño hasta quedarse quieta, caliente y temblorosa, sobre uno de sus senos. Era como estar desnuda en medio del campo. Una mezcla maravillosa de miedo, pudor y deleite le nubló la mirada. No se explicaba después Carmen Rosa de dónde sacó fuerzas para librarse bruscamente de los brazos de Sebastián, de la boca de Sebastián, del corazón desbocado de Sebastián. Ni cómo logró crear aquel impulso que la separó de él cuando todo su cuerpo no deseaba otra cosa sino quedarse ahí, -No, ¡por favor! -dijo y le tapó los labios con el revés de la mano. Permanecieron algunos minutos en silencio. En una casa lejana ladró un perro. Más lejos aún se escuchaba la voz zafia de Pericote martillando un corrido. Finalmente, Sebastián dijo:

-¿Me guardas rencor, Carmen Rosa?

-No -respondió simplemente ella con temerosa suavidad.

Y le dio el último beso de la noche. Pero éste fue como los de antes, precavido, fugaz, espantadizo. Al despertar pensó en el beso bajo las ramas oscuras del cotoperí, bajo la noche sin estrellas, y la invadió nuevamente una sensación de abandono -¿De dónde saqué fuerzas para rechazar a Sebastián, Dios mío?

Por cierto que tendría que confesarse, contarle aquella escena al padre Pernía.

-¡Qué vergüenza, Santa Rosa, qué vergüenza!

El padre Pernía la escuchó con grave atención, la ayudó a salir del ato- lladero cuando llegó a lo más escabroso del relato, a la mano sobre el seno desnudo. Como cuando la historia del arcángel del Purgatorio, el padre Pernía le preguntó:

-¿Y te gustó, hija?

-Me gustó demasiado, padre. Y lo peor es que me sigue gustando pensar en eso, revivirlo con la imaginación.


Las creencias religiosas de Carmen Rosa son católicas
por eso ella va a confesarse  porque cree que ha cometido un pecado

 -Desde que te conozco, hija, y te conozco desde que tienes uso de razón, es la primera vez que me confiesas un pecado mortal, un verdadero pecado mortal. Y le puso por penitencia, tal vez por vez primera, un rosario completo. No vuelvas a hacerlo. No solamente porque es pecado mortal, sino porque no te conviene. Y le puso por penitencia, también por primera vez, un rosario completo. No obstante, una vez concluidas las letanías, el padre Pernía se le acercó a hablarle. Tal vez pensaba el cura que había sido demasiado seco para con ella. Se le notaba el afán de aparecer cordial, de demostrarle que no le había perdido estima por el pecado que había cometido. -Mándame con Olegario unas flores de tu jardín, para Santa Rosa. Mira cómo está el altar de la pobrecita, sin una cayena.

Y luego:

-Santa Rosa cuenta contigo porque tú siempre te has ocupado de ella más que nadie en este pueblo.

Cuando se marchaba, la acompañó hasta la puerta del templo.

-Saludos a doña Carmelita. Que la felicito una vez más por el matrimonio de Marta. Y no te olvides de las flores.

El diálogo con Sebastián fue muy diferente. El domingo, una vez que el padre Pernía se enteró de que ya Sebastián había llegado a Ortiz, lo mandó llamar con Hermelinda.


La iglesia de Ortiz actualmente

-¿Qué quiere conmigo, padre? -preguntó sorprendido Sebastián cuando observó cómo el cura cerraba con llave la puerta de la casa parroquial. Habían quedado los dos solos en un recinto oloroso a cera, a incienso, a harina y a flores marchitas.

-¿Tú te piensas casar con Carmen Rosa? -preguntó Pernía sin preámbulos.

-Naturalmente -respondió Sebastián desconcertado.

-Pues me alegro. Pero tengo que advertirte una cosa. El padre de esa muchacha está enfermo. Tampoco tiene hermanos que den la cara por ella. Sin embargo...

-Están demás esas palabras -interrumpió Sebastián-. Ya le dije que me pienso casar con ella.

-Nunca está demás un por si acaso -continuó impasible el cura, sin dar- se por enterado del tono cortante que Sebastián había empleado-. Y yo quería advertirte que si por una casualidad no son ésas tus intenciones, yo estoy dispuesto a quitarme la sotana y a meterte cuatro tiros. Empalideció Sebastián. Nada lo soliviantaba tanto como una amenaza. No obstante, calibró rápidamente el propósito del padre Pernía, y se contuvo.

-No por sus cuatro tiros, sino porque así lo he resuelto yo desde hace tiempo, me casaré con Carmen Rosa -se limitó a decir en el mismo tono cortante.

El cura le tendió la mano y Sebastián la estrechó con firmeza. Pernía aguantó el apretón sosteniéndole la mirada. Comprendió entonces Se- bastián que la promesa de los cuatro tiros había sido formulada con la inquebrantable decisión de cumplirla.


Actividades:

1.- Resumen del capitulo

2.- Tema

3.- Evidencias del tema

PREGUNTA DE ORIENTACION:

¿De qué manera son representadas las creencias y valores culturales en este fragmento?


ESQUEMA PARA REALIZAR UN TEXTO EXPOSITIVO

 Esquema para el texto expositivo. Un esquema es una lista de ideas que consideras importantes para desarrollar tu texto expositivo. Cada id...